¡Logró el éxito y se arruinó la vida!

y se arruino la vida

 

Esta mañana he amanecido con la noticia de que la famosa Susan Boyle, la simpática escocesa que se ha hecho popular por “el increíble descubrimiento al mundo” de que cantar bien tiene que ver con las cuerdas vocales y no con la rasgos de la cara o la ropa que lleves puesta, había ingresado en un psiquiátrico.

Acompañaba también la noticia el caso del niño actor de la peli “Sexto sentido”- ya sabes… “en ocasiones veo muertos”- que por lo visto se debate en encarnizada lucha contra el alcoholismo o el caso del niño que interpretó la saga de “Solo en casa”, que por lo visto es visitante honorífico -normalmente también “solo”-  de las agradables comisarías de la policía de Los Ángeles.

 

A mi memoria me vienen los casos de Maradona, Mario Conde, Javier de la Rosa y tantos otros.

Y la cuestión es: ¿Que tendrá el éxito que si te despistas te destroza la vida?.

No hace mucho, no recuerdo donde, leí la frase que un Padre le dijo a un hijo suyo que había alcanzado un notable éxito en la vida:

“Hijo mío más orgulloso de el éxito que has alcanzado, lo estoy de como lo has gestionado”.

Hablamos siempre de alcanzar el éxito pero poco hablamos de algo tan importante o quizás, más, visto lo visto, que es como saber gestionarlo.

Hay una cosa en las empresas de éxito que son referentes en cuanto al grado de excelencia conseguido, que se llama “Misión, Visión y Valores”. Estas tres simpáticas palabrejas son aplicables tanto a la puesta en marcha de un proyecto empresarial como a la declaración de intenciones de un plan de éxito personal. Y reflejan una declaración de principios que sustentarán aquello que queremos conseguir, en lo que nos queremos convertir y con que valores vamos hacerlo, que nos comprometemos a defender siempre y a no perder en el camino.

Pasa muchas veces que no estamos preparados para el “éxito”, por querer diferenciarlo de la “fama” o la “popularidad”. Que son cosas bien distintas. El éxito ha de ser siempre algo bueno que nos suceda o que hagamos que suceda, pero no podemos permitir nunca que sea nuestra desgracia.

Debemos evaluar serenamente que consecuencias nos traerá el alcanzar ese sueño que nos tiene obsesionados , no vaya a ser que nos cueste la salud o la felicidad y nos demos cuenta que hemos perdido en vez de ganar.

Por este motivo entre otros tantos, insistimos tanto en este humilde blog en la importancia del auto conocimiento y de la búsqueda de nuestro verdadero propósito vital.

Los casos con los que abrí el post, nos hacen reflexionar sobre las repercusiones de un éxito inesperado en el primer caso, y demasiado temprano en edad en otro. No tener formada nuestra personalidad, ni definida nuestra misión, visión y valores como personas nos puede acarrear más problemas que otra cosa.

Conocido por todos son los muchos casos de gentes a las que les ha tocado un premio gordo en la lotería y los efectos desastrosos que dicho premio causaron a sus vidas. -¿ Quien decidirá el reparto de premios?

Siempre me llamó la atención el por qué mucha gente se vuelve imbécil cuando les sobreviene el éxito o la fortuna de manera repentina o no tan repentina.

¿Que extrañas creencias producirá dicho suceso para que la gente empiece a actuar y pensar de manera dañina para ellos mismos y para su entorno?. Es como si por un lado se creyesen mejores o superiores a los demás por tener algo más de dinero o fama, o una casa más grande o un coche más fardón , o como si se les hubiese abierto un mundo nuevo de cosas nuevas que hacer y comprar sin ton ni son y que a la larga les hará daño por no saber gestionar.

Es interesante distinguir entre el éxito sobrevenido y el éxito conseguido, parece que el primero suele traer más problemas que el segundo por el mero hecho de ser inesperado y pillarte por sorpresa, aunque también se de gente que una vez conseguido su sueño tras mucho esfuerzo y sacrificio “según ellos” se lamentaron después, de haberlo conseguido. No encontraron lo que esperaban encontrar.

Por eso es tan importante , una vez más, hacerse lo que yo denomino la gran pregunta o la pregunta del millón -según me pille-: ¿Para qué quiero hacer esto?. Y tener presente a lo largo del camino la respuesta que nos demos y ver si en verdad es esto lo que quiero o no. Más que nada por aquello de evitar desagradables sorpresas.

Yo entiendo que el éxito debe ser algo que repercuta en beneficio propio y de todos, no concibo otra clase de éxito.

¿No te parece?…

Permíteme que termine con esta carta que J. Rudyard Kipling -autor del “libro de la selva” y premio de novel de literatura-escribió para su hijo:

“Si puedes conservar la cabeza cuando a tu alrededor todos la pierden.

Si puedes confiar en ti mismo cuando los demás dudan de ti, pero al mismo tiempo tienes en cuenta su duda.

Si puedes esperar y no cansarte de la espera, o siendo engañado por los que te rodean no pagar con mentiras, o siendo odiado no dar cabida al odio, y no obstante no parecer demasiado bueno, ni hablar con demasiada sabiduría…

Si puedes soñar y no dejar que tus sueños te dominen.

Si puedes pensar y no hacer de tus pensamientos tu objetivo.

Si puedes encontrarte con el triunfo y el fracaso y tratar a estos dos impostores de la misma manera.

Si puedes soportar escuchar la verdad cuando es tergiversada por bribones, o contemplar destrozadas las cosas por las que habías dedicado tu vida, y agacharte y reconstruirlas con las herramientas desgastadas.

Si puedes hacer un trato con todos tus triunfos, y arriesgarlo todo a una carta, y perder, y comenzar de nuevo por el principio, y no dejar escapar una palabra sobre tu pérdida.

Y si puedes obligar a tu corazón, a tus nervios y a tus músculos a servirte en tu camino, mucho después de que hayan perdido su fuerza, excepto tu voluntad que les dice que continúen adelante.

Si puedes hablar con la multitud y preservar la virtud, o andar entre reyes y no cambiar tu manera de ser.

Si ni los enemigos ni los amigos pueden hacerte daño.

Si todos los hombres cuentan contigo por ser bueno……

Si puedes emplear el inexorable minuto recorriendo una distancia que valga sesenta segundos… tuya es la tierra y todo lo que hay en ella, y lo que es más importante… serás un hombre, hijo mío.”

¡Disfruta de tu vida!

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César Álvaro

Cofundador de www.ununiversomejor.com y curioso investigador de todo lo relacionado con la felicidad y el éxito. Tratando de sacar lo mejor de mi y de todo lo que me rodea. Con muchos sueños por cumplir y muchísimas ganas de dar guerra por muchos años. ¡Me encanta la vida!