Reflexiones de un alma asustada en tiempos de pandemia

Pandemia. Esa es la palabra maldita que nos hubiera gustado que no hubiese aparecido en nuestras vidas ni en nuestro planeta. Allá donde te encuentres la tienes presente. Estarás conmigo que principio lo vimos con incredulidad, pero por desgracia se convirtió en una perversa realidad. 

Y ya nada volverá a ser como antes. Debemos asumir que estamos en una nueva era, una realidad distinta a lo que habíamos vivido hasta ahora.

Este virus nos ha retado a una complicada batalla, que estoy seguro superaremos como seres humanos. Pero la guerra está siendo dura y nos va a dejar barnizados con muchas heridas tanto físicas como emocionales, mucha incertidumbre y bastante miedo y dolor. Muchas bajas. Demasiadas ausencias…

En la guerra conoces al enemigo, lo ves. En esta contienda nuestro adversario, el miserable virus que nos ha atacado, es invisible y está por todas partes. Y eso es lo que nos aterra. Lo que ha paralizado nuestras vidas. El miedo a la muerte. El pánico por descubrir la fugacidad de la vida.

Este pequeño bichejo nos a puesto a todos en nuestro sitio. De comernos el mundo, a transformarnos en seres indefensos. Nos creíamos el centro de la existencia, sin darnos cuenta que solo somos una pequeña pieza más de este increíble Universo en el que vivimos.  

Y es que el cosmos que habitamos tiene sus leyes y sus formas de devolver el equilibrio cuando el caos se desbarata del orden universal. ¿Te das cuenta del alivio para la naturaleza el que estemos unos meses escondidos en nuestras guaridas? Quizás es que las heridas del mundo sean las nuestras. Somos uno.

Dicen que Dios perdona siempre, nosotros algunas veces… pero la naturaleza nunca. Es su forma de hacerse respetar y equilibrar el ecosistema.

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Este virus nos ha puesto encima de la mesa una verdad que quizás no hemos querido escuchar mucho en los últimos tiempos: 

Todos somos iguales, idénticos ante el universo en cuanto a nuestra precaria vulnerabilidad.  La muerte quizás está abrazando a la raza humana para indicarnos que no vamos por el camino correcto.

Es curioso ver cómo el virus nos hizo volver a nuestros inicios como humanos: todos recluidos en nuestras “cuevas”, la única forma de protegernos. Ni todos los avances médicos y tecnológicos que tenemos a día de hoy nos han permitido actuar de otra forma ante la pandemia. Por muchos miles años que hayan transcurrido desde la época de los primeros «homo sapiens». Nos estamos comportando de forma idéntica, como seres primitivos. 

 Esta pandemia marca un antes y un después en nuestra forma de vivir en este mundo

Ante nosotros tenemos una oportunidad para cambiar las cosas, para cambiar ese mundo que no nos agrada como es. Y por ello debemos empezar por nosotros mismos.

Salvo por enfermedad prácticamente nadie habrá estado tanto tiempo de forma continuada en su “madriguera”, y menos los hispanoparlantes, a los que nos encanta disfrutar del aire libre. Y quizás, dentro de la dureza de la situación, esto pueda ser una oportunidad para nosotros.

En estos días, quizás haya pasado por tu cabeza todas esas cosas pendientes que quieres hacer en algún momento: Es la ocasión hacer cosas distintas, de trabajar en pos de esos sueños por cumplir. De soñar con esos abrazos pendientes de dar. De perdonar y ser perdonados.

Hay una enseñanza de esta puñetera experiencia que resuena en mi:

En el futuro deberemos centrarnos en lo esencial, en lo básico… estamos rodeados de cosas superfluas que no nos aportan más que una idea equivocada de lo que es la vida. Hay que aprender a distinguir lo sustancial de lo sobrante, de lo excesivo. Antes, durante y después de la pandemia, la vida simple es más sencilla de disfrutar.

Una caricia, una muestra de cariño, tiene más valor que cualquier cosa material que podamos poseer ¿no crees?

Otro aprendizaje es que en estos tiempos de crisis, la espiritualidad puede dotar de un profundo sentido a nuestra vida, aliviando nuestro sufrimiento, suavizando nuestro miedo a la muerte. Tenemos temor a abandonar esta vida, a que todo se acabe. A caer en el silencio eterno.

Y ahora quizás sea el momento de comenzar a pasar tiempo con nosotros mismos, de dejarnos arrullar por el silencio, ese gran desconocido, que a priori nos puede llegar a causar pavor. Es la forma de ganarle al miedo.

Toda tempestad tiene como un ombligo, un agujero en medio, por el que una gaviota puede volar en silencio.

Harold Witter Bynner
Reflexiones de un alma asustada en tiempos de pandemia

Cuando te llenas de valentía y te sumerges en silencio te pone en contacto con tu auténtica esencia. Y no hay nada más bonito dentro del mundo del conocimiento interior, que conectar con quién realmente eres. Realizar un viaje introspectivo nos puede brindar una mente serena y en calma. Y puede ser el comienzo de algo bonito.

¿El qué? Con sinceridad, no lo sé. Es una fuerte sensación o intuición. El Universo nos ayudará.

Por eso creo que estamos ante un momento histórico, tanto a nivel mundial como personal, para crear otra realidad. Toda crisis, por dolorosa que sea, tiene su parte positiva, y en esa es en la que tenemos que enfocarnos para salir adelante.

Esta coyuntura, nos permite abordar una realidad diferente a la que teníamos hasta la fecha. El tiempo que podemos pasar en soledad puede ser una puerta hacia un nuevo futuro para nosotros.

Para ello quizás tengamos que llorar, a los que se han ido, a los que están enfermos, y a los que enfermarán. Y eso, de alguna forma nos purificará, nos limpiará. Pero tenemos que ponernos en marcha, no podemos seguir lamiendo nuestras heridas eternamente.

Esta contienda con la pandemia está sacando lo mejor y lo peor de muchos de nosotros. Para finalizar y como creo en la tremenda bondad del ser humano, quiero grabar a fuego en mi recuerdo a todos esos héroes silenciosos y anónimos que han aparecido de la nada y nos rodean por todas partes. Gracias de corazón. Dios os bendiga eternamente.

Y tranquilos, volveremos a ver el amanecer. Ahora es el momento de agradecer que estamos vivos.

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César Álvaro

Enamorado de la vida y sus circunstancias. Trabajando día a día por desentrañar y entender los secretos de mi existencia y mi camino por esta vida. Con muchos sueños por cumplir y muchísimas ganas de seguir disfrutando de mi paso por este planeta. ✔︎

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1 comentario en “Reflexiones de un alma asustada en tiempos de pandemia”

  1. Qué hay César!!

    Gran artículo, acabo de descubrir tu blog, que curioso, nos sentíamos los amos del universo y fue un virus el que vino a enseñarnos que no es así y que en cualquier momento podemos dejar de existir.

    En mi caso yo he empezado a apreciar más las cosas que se nos han quitado, por sencillas que sean, un abrazo, un beso, hasta un apretón de manos, eso son cosas que pueden cambiarte el día y por ahora no las podremos disfrutar.

    Estoy completamente de acuerdo contigo que saldremos adelante, siempre lo hacemos.

    Muchos saludos César. Abrazo fuerte.

    Responder

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