Manual de uso y disfrute de la mente (3ª parte)


Siguiendo con nuestro manual de uso y disfrute de la mente, hoy vamos a ir al cogollo de la misma.

 Ya hemos dicho aquí en este blog que si no eres dueño y señor de tu mente no tienes nada, y ningún éxito que consigas será nada en verdad y añado ahora, que si es así, entonces será tu mente quien te gobierne a ti, y esto es peor porque aparte de no tener nada serás esclavo de una mente ingobernable, autoritaria, egoísta, miedosa, caprichosa, pérfida y cruel. Serás esclavo de tu pasado eternamente. Te habrás identificado con tu ego.

Me refiero en este contexto a la mente como la suma de tus pensamientos, como el proceso de un pensamiento tras otro. Para ser exactos es solo una parte de la mente, no toda la mente, pero es con la que tú te identificas. Podemos llamar a esta “ilusoria parte de tu mente”, con el nombre de ego.

 Aclarado esto, te digo: Tú no eres tu mente. Tú no eres tus pensamientos. Tú eres aquello que es consciente de su mente y de los pensamientos que la conforman. Por eso hablamos de “mi mente” y “mis pensamientos”, tú eres ese “mi”. Tú eres el propietario de tu mente.

Ahora bien si no eres el ego que siempre has creido ser, ¿quien o qué eres tú?.

Digamos que tú eres el que está tumbado en la hierba mirando, observando hacia el cielo (la mente),viendo pasar tranquilamente las nubes (pensamientos), y hay nubes negras (pensamientos que nos hacen mal) y nubes blancas (pensamientos que nos hacen más o menos bien). ¿De donde vienen esas nubes? Esta es otra cuestión.

Desde la hierba placidamente puedes hacer dos cosas, identificarte con el cielo y las nubes y creer que ellas y tu sois lo mismo, analizando, juzgando, regodeandote en las nubes, prestándolas atención y enfocándote en ellas, con lo cual te conviertes en ellas (nos convertimos en lo que ponemos nuestra atención) o dejarlas pasar, simplemente, sin juzgarlas ni entretenerte en ellas ni un segundo, tan solo observando como siguen su camino, sin más, solo eso. En este caso te conviertes en el observador y no en el pensador. Por si no te lo había dicho antes, tú tampoco eres el pensador. Tú eres el observador, la conciencia. Aquel que se vuelve consciente de su mente y sus pensamientos.

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Algunos llaman a esto hacer meditación, es decir dejar pasar los insistentes pensamientos sin prestarles atención hasta que poco a poco dejen de pasar, de manera que llega un momento en que no pasan más y te vuelves consciente plenamente en un estado que podíamos llamar de no mente, de no pensamiento.

 Dicen los que saben, que en este estado es donde tú estas y eres en verdad, pues tus pensamientos son tan solo un pasado ya experimentado, es decir aquello que ya no es, y en el no pensamiento estás en el aquí y ahora en ti, es decir en el momento presente, en aquello que si es, que si eres. Suena razonable, ¿no crees?.

 Es decir, que la mente formada por la suma de todas tus vivencias y pensamientos del pasado, no eres tú, pues tú solo eres y estas en el momento presente, que en verdad es el único momento que existe y del que puedes ser consciente. Tampoco eres ni estas en los pensamientos de futuro. Si te das cuenta, cuando observes y seas consciente de tus pensamientos, verás que son siempre los mismos, una y otra vez, y al no ser consciente de esto nos estamos identificando con esa imagen no real que conforma la suma de esos pensamientos y te repito, esa imagen no eres tú. Tú no eres una imagen. Tú eres otra cosa. Tú eres conciencia.

Te invito a un experimento: siéntate en un lugar tranquilo, ponte cómodo, cierra los ojos, y limítate a ser consciente de tu respiración, se consciente sin más, de como inspiras y de como exhalas, no fuerces nada, ni el ritmo ni la intensidad de la respiración, solo se consciente de cada inspiración y de cada exhalación. Verás que enseguida te has olvidado de ser consciente de la respiración y que estas enfrascado en algún pensamiento, (“mañana tengo que entregar el informe de ventas del ultimo trimestre y lo tengo a medias” o “¿cuando se juega la champion esta semana?” o “que guapa era la camarera que me atendió esta mañana”, etc, etc), cuando te pase esto deja de pensarlo y vuelve a ser consciente de tu respiración. Te llevará tu tiempo.

 Al principio te costará mucho y acabarás pensando una y otra vez, pero con la práctica (como casi siempre) alcanzarás momentos cada vez mas largos en los que te vuelves plenamente consciente solo y exclusivamente de tu respiración, y habrás dejado de pensar y estarás plenamente viviendo y siendo el aquí y ahora. Dicen que en ese espacio sin pensamiento se encuentra Dios, la verdad, lo infinito, lo desconocido o como tu quieras llamarlo. Se da el caso que no puedes hacer dos cosas a la vez, observar tus pensamientos y pensar en algo al mismo tiempo, por eso cuando consigues estar simplemente observando, alerta, siendo testigo de lo que pasa por la mente, dejas de pensar, y te das cuenta que tu no eres tus pensamientos, no eres lo que creías que eras, nunca lo fuiste, ahora eres libre. Ahora mandas tú. Eres dueño de tu mente.

 La importancia de este ejercicio, que te recomiendo que pase a formar parte de tu vida diaria encarecidamente, es la de desidentificarte de tus pensamientos, de tu mente, de tu ego, tres nombres para una misma cosa. Si sigues identificándote con tus pensamientos, tu vida será una repetición constante de lo ya vivido, de tu pasado, pues tu mente es la suma de tu pasado, ese es tu ego. No estarás viviendo en verdad, estarás viviendo en lo que ya murió. No estarás abierto a recibir la verdad y las cosas nuevas y buenas de la vida.

Tu mente por razón de lo que es solo se mueve en el pasado, se mueve solo en lo conocido, identificándote con ella repetirás continuamente lo mismo de siempre. Para que esto no sea así, debes identificarte con aquello que esta más allá de tus pensamientos y de tu mente. Con la práctica empezarás a sentir cosas nuevas, te volverás creativo porque te habrás abierto a lo nuevo y desconocido, y sobre todo empezarás a encontrar la paz en ti y a conocerte a ti mismo.

Dicen en la India que si fueses capaz de estar en este estado de no mente durante 48 minutos, te iluminarias, conocerías a Dios , la verdad, la vida, la realidad y a ti mismo.

 En el momento presente, en el estado de conciencia, siendo el observador, al no existir el pensamiento, no existe el miedo, ni el sufrimiento, ni la pena, ni la culpa, ni la rabia, ni la perdida, ni el resentimiento, ni las prisas, ni la desdicha, ni la ansiedad, ni la escasez……Y lo que queda cuando nada de esto está, eres tu mismo, el de verdad.

La manera de permanecer siempre en este estado es estar concentrado siempre en el aquí y ahora, en aquello en lo que estas haciendo. Si estoy comiendo, me concentro en comer y como, y no estoy pensando en lo que he de hacer mañana. Si estoy conduciendo, me centro en conducir y conduzco y no estoy pensando en la conversación que tuve con mi jefe. Si me ducho, me concentro en ducharme y me ducho y no estoy planificando el viaje del fin de semana.

 A todo esto se refiere la Biblia cuando dice: “Mantente quieto y reconoce que Yo Soy Dios”

 Como dice una desiderata que ya publicamos en el blog: “Muévete plácidamente entre el ruido y la prisa, y recuerda la paz que puede haber en el silencio” (de la mente). Esto es meditar.

 Tu eres mucho más de lo que crees, tu no eres pequeño ni insignificante, no eres diferente a los demás, ni débil, ni torpe, ni impulsivo, ni triste, ni enfermo, eso son solo pensamientos que no significan nada y que no son lo que tú eres. Tú eres mucho más.

 Tampoco eres el mejor, ni el más fuerte, ni el más listo, ni el más hábil ni el más bueno, ni el más sano, no eres diferente a los demás.Tú eres mucho más.

 Te invito pues a que te descubras a ti mismo … sin miedo.

 Ya te conté que una vez le pregunté a un buen amigo: ¿qué es el amor? y él dijo: “el amor es lo que queda cuando se da en ti la total ausencia de miedo”

 No te quedes en la superficie. Vuélvete hacia dentro. Vuélvete consciente.

La más grande aventura de esta vida está en descubrir tu interior. Descubre que eres en verdad.

No experimentarás jamás un éxito mayor.

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Enrique Miralda

Cofundador de Un Universo Mejor, tipo muy normal con la obsesión muy obsesiva de estar en paz. De Madrid de toda la vida. Un cuarentón camino de la cincuentena pero con alma de chaval. Trabajo en esa cosa rara llamada internet, intentando ayudar a mis clientes a optimizar su negocio en la red.

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